La aparición de métodos cripto en la caja de un operador suele presentarse como una ampliación del abanico de pagos. En la práctica es otra mecánica de liquidación: cambian los papeles de los participantes, cambia el momento en que el pago se vuelve definitivo y cambian las exigencias de control sobre el origen de los fondos.

Liquidación sin adquirente

En un pago con tarjeta, entre el jugador y el operador se interpone una cadena de intermediarios que soporta el riesgo y permite revertir la operación. En una transferencia en blockchain ese intermediario no existe y, una vez confirmada, la transacción es irreversible. El chargeback desaparece como categoría de problema, pero con él desaparece también el mecanismo para corregir errores: una transferencia a una dirección equivocada o por la red equivocada no se recupera.

Volatilidad y contabilidad

El saldo del jugador y la contabilidad interna del operador se llevan normalmente en moneda fiat, de modo que el tipo de cambio se fija en el momento de la operación y la diferencia entre el importe entrante y el pago de salida queda del lado del operador. De ahí la práctica de convertir los ingresos de inmediato o de trabajar con stablecoins y un proveedor que asuma el riesgo de cambio. Partida aparte son las comisiones de red: dependen de la carga de la red y no del importe del pago.

El compliance no se simplifica

El seudonimato de una dirección no anula las obligaciones de AML. En la práctica el trabajo se reduce a analizar el origen de los fondos a lo largo de la cadena de transacciones, descartar direcciones de clústeres sancionados o de alto riesgo y aplicar la misma identificación del jugador que en un depósito en fiat.

Los pagos en cripto quitan unos costes y añaden otros: la ganancia suele estar en la velocidad de retirada y en la disponibilidad del método, no en una relajación de los requisitos.