El revenue share es un modelo de remuneración en el que el afiliado recibe una parte de los ingresos que genera el jugador que ha traído, y la sigue recibiendo mientras ese jugador permanezca activo. A diferencia de un pago único por la captación, el ingreso del socio se reparte en el tiempo y depende directamente de la calidad del tráfico.

La base de cálculo

La participación no se aplica al volumen de apuestas, sino al ingreso neto de juego atribuido al tráfico del socio. La pregunta clave es qué deduce el operador antes del cálculo: bonos, comisiones de pago, impuesto sobre el juego, regalías de proveedores. El porcentaje por sí solo casi no dice nada: una participación alta sobre una base muy recortada puede rendir menos que una moderada sobre una base estrecha.

Saldo negativo y tramos

Si en un mes los jugadores del socio ganan más de lo que pierden, el resultado entra en negativo. Lo que ocurre después lo fija el contrato: con carryover el saldo negativo se traslada al periodo siguiente; sin él, el contador se pone a cero. El otro mecanismo habitual es la escala progresiva, donde el porcentaje sube a medida que crece el ingreso aportado.

Plazo de vinculación del jugador

La fórmula clásica es la vinculación de por vida del jugador con el socio. También se ven plazos limitados y cláusulas de desactivación de la cuenta de afiliado inactiva, tras la cual cesan los pagos por sus jugadores. Es materia de contrato, no una norma del sector, y esa cláusula conviene leerla antes de conectar el tráfico.

El revenue share premia el valor a largo plazo de una audiencia. Por eso el modelo encaja con socios que trabajan tráfico fidelizable y funciona mal allí donde el valor del jugador se agota en la primera semana.