Los programas de afiliación en iGaming se construyen sobre tres esquemas de pago: CPA, revenue share e híbrido. Lo que los separa no es la cuantía de la remuneración, sino quién asume el riesgo por la calidad de la audiencia captada y con qué rapidez ve el dinero el socio.
CPA: pago fijo por jugador
Con CPA el socio cobra una cantidad pactada de antemano por cada jugador que cumple la condición de cualificación: por lo general, registro con depósito por encima de un umbral y un volumen mínimo de juego. El riesgo pasa al operador: si el jugador se marcha tras el primer depósito, el pago ya está hecho. De ahí que las condiciones CPA suelan ir acompañadas de controles de calidad del tráfico y del derecho a anular la cualificación ante indicios de fraude.
Revenue share: participación en el resultado
Aquí el socio percibe un porcentaje del ingreso neto de juego de sus jugadores y lo sigue percibiendo mientras estén activos. El riesgo se reparte: un tráfico flojo no le dará nada, uno sólido rinde durante años. La contrapartida es el ingreso diferido y la dependencia de la lista de deducciones con la que el operador calcula la base.
El híbrido y cuándo se elige
El híbrido combina un pago CPA reducido con un porcentaje de revenue share más bajo. La idea es cubrir de inmediato el coste de captación del socio y dejarle a la vez una parte del valor a largo plazo del jugador. Este esquema se ofrece normalmente a socios cuyo tráfico ya se ha contrastado con datos históricos.
No hay un modelo mejor en términos absolutos: la elección depende del horizonte de recuperación del tráfico y de cuánto confían ambas partes en su calidad.
